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Enrique de Ibarreta

Ibarreta, el último explorador

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Pedro Enrique Joaquín Manuel de Ibarreta y Uhagón nació en Bilbao el 1 de agosto de 1859. Y un día de finales de 1898, mientras un indio pilagás llamado Juancito le entretenía, otro indígena, por mal nombre Danasagaí, le asestó un tremendo golpe por la espalda con su macana, una pesada maza de madera, y le partió el cráneo. Las andanzas del explorador bilbaíno acabaron allí, en mitad de la nada, en el Chaco argentino, un desierto de ciénagas, soledad y serpientes, cuando trataba de explorar por completo el curso del Pilcomayo, el río de los pájaros.

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Nacido en Bilbao, es bautizado ese mismo día, 1 de agosto de 1859, en la catedral de Santiago.

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Le imponen el nombre de Pedro Enrique Joaquín Manuel, hijo legítimo de Adolfo de Ibarreta, natural de Baiona, y de Isabel de Uhagón, de Portugalete, y ambos

vecinos de Bilbao. Ingresó en la Escuela Militar de Ingenieros de Guadalajara, donde rápidamente destacó entre sus compañeros por su inteligencia, resolución y dotes de mando.

 

Sin embargo, y tras batirse en duelo con un compañero, su padre no lo juzgó digno de seguir la carrera militar, y lo retiró de la Escuela sin haber llegado a terminar sus estudios y con un balazo que a poco más le cuesta la vida.

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Primer viaje a Argentina

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De espíritu aventurero, decidió marchar para Argentina. Allí lo describe su amigo Miguel D. Somonte: “cuerpo alto y delgado, pero de una musculatura propia de un Hércules a tal extremo que tanto se hacía temer y respetar por la razón de sus puños como por la fuerza de su razón... que generalmente no era poca”. Era muy sordo del oído izquierdo, pero lo que le faltaba de oído le sobraba de vista.

 

Asimismo era un infatigable jugador de pelota.

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Se instaló en Rosario, donde trabajó como ingeniero geógrafo, carrera muy en consonancia con sus ideas y espíritu inquieto. En el año 1883 le propuso a su socio e ingeniero como él, Joaquín de Posadillo, recorrer el temido Chaco, una llanura mayor que España (entre 600.000 y 700.000 Km2 .) cubierta de impenetrables selvas y habitada “por indios a medio civilizar” y por fieras, con un grupo que en su mayoría eran vascongados, más 5 ó 6 peones criollos. Sufrieron calamidades sin cuento durante 8 meses, estuvieron a punto de morir de hambre y sed, e incluso se les dio por muertos, dado el tiempo transcurrido sin noticias de los expedicionarios: al llegar Ibarreta a Rosario, supo que se habían organizado funerales en su memoria, y que su familia en Bilbao vistió luto por su supuesta muerto.

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Inasequible al desaliento, enseguida acometió la siguiente aventura: en mayo de 1895 comienza la exploración del alto Paraguay, donde contaba con hallar yacimientos auríferos explotados por los indios de la zona. Sin embargo y tras sufrir un percance al atravesar el río Pilcomayo, decidió regresar, cayendo gravemente enfermo debido a las picaduras de los

mosquitos, y en un lamentable estado físico.

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Explorador y agrimensor del Chaco, en donde vivio con los indios, viajo tambien por las selvas de Paraguay y busco oro, sin fortuna, en las montanas de Bolivia, en los mismos parajes en los que diez anos despues encontrarian la muerte Butch Cassidy y Sundance Kid. Participo luego en la Guerra de Cuba, y de alli paso al Pilcomayo en busca de una obsesion: queria ser el primer explorador que navegase las sombrias soledades del Rio de los Pajaros; el primero en sobrevivir donde tantos otros habian hallado la muerte. Sin embargo, solo dos de sus companeros quedaron vivos para contar la historia de su epica y a la postre funesta expedicion, y con ellos nacio la oscura leyenda de este explorador de aura tragica que en su dia sedujera a Baroja y Blasco Ibanez, quien le califico de "caballeroandante de la geografia, paladin sin miedo y sin tacha de la ciencia, varon de heroicas acciones, cuyas hazanas hacen recordar a los hombres de los primeros anos del Descubrimiento."

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